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Sin Ciervas no Hay Venados

Como consecuencia del preocupante número de ciervas cazadas, desde hace un par de años se está viendo como el número de venados capturados en Extremadura están descendiendo alarmantemente en fincas abiertas.

Hace ya unos cuantos años que se engañó a los ganaderos metiéndoles en la cabeza que las ciervas estaban contagiando la tuberculosis a su ganado, algo ya rebatido por veterinarios en 2005 con un informe donde se indicaba que era el jabalí el que propagaba esta enfermedad, por su alta resistencia a la tuberculosis, durando muchos años y recorriendo muchos kilómetros antes de sucumbir a la enfermedad.

Como consecuencia del miedo de los ganaderos, la Junta de Extremadura da carta libre para cazar indiscriminadamente a las ciervas, empezando una vorágine que dura hasta nuestros días. Con la fuerte presión ejercida durante años hacia las hembras de ciervo, lo que se está observando en estos últimos años es que el número de machos es cada vez menor.

Lógicamente si en una finca con 100 ciervas matas 50 el año que viene nacen la mitad de machos, en tres años solo habrá un cuarto de los machos que se venían cazando en la finca. Y lógicamente el descenso del número de machos hace que los que se cacen en montería sean cada vez más jóvenes, siendo en fincas donde antes no se cazaban donde se estén dando mejores resultados que los cazaderos tradicionales, los cuales están ya agotados.

¿Por qué se ha permitido esto? Esto tiene una explicación rápida, primero como decimos por la exigencia de los ganaderos para que se maten ciervas con el fin de combatir erróneamente la tuberculosis, de hecho cada vez hay más tuberculosis después de años matando cientos de miles de ciervas.

Segundo el aumento del precio de la carne de ciervo hace que la carne de estas ciervas sea un recurso para pagar los altos gastos que conlleva una montería. Pues solo en impuestos un coto de caza mayor en abierto con el mínimo de hectáreas en Extremadura se va sobre los 2.000€, añadimos el precio del alquiler de la finca, gastos de veterinario, gastos de tasas de la montería, gastos de rehalas, postores, comida… lógicamente en plena crisis no se puede desaprovechar estos ingresos sin subir el precio de los puestos.

¿Dónde está el mayor problema? Lo primero aclarar que siempre hablamos de fincas abiertas, y al hablar de fincas abiertas los animales campan libremente, lo que significa que cuando se caza en una finca estos animales que sobreviven se van a otra finca, donde también se les caza, y de ahí a otra finca, y así sucesivamente. Lo que ocurre entonces es que las ciervas de la zona se machacan en varias fincas, no matando 50 ciervas de un rebaño de 300, sino matando de esas 300, 40 en una finca, 45 en otra, 50 en otra finca, etc, al final lo que estamos haciendo es eliminar de un plumazo las tres cuartas partes de las ciervas de todo un paraje.

¿Qué solución hay? Solo hay una solución, que la Junta de Extremadura limite la caza de ciervas y solo permita cazar ciervas donde realmente exista superpoblación, que ya no hay en ningún sitio, donde digan que hay superpoblación lo que hay son las ciervas de miles de hectáreas concentradas en un sitio en un momento dado. Y solo la Junta puede poner fin a esto, porque seamos realistas entre cazadores no nos ponemos de acuerdo ni en donde está el norte.

Esperemos que se empiecen a dar cuenta que están acabando con la gallina de los huevos de oro, y que si acaban con el prestigio en materia de caza en Extremadura, estarán acabando con uno de los pocos sectores que generan riqueza en nuestra región.

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